Monday, November 14, 2011

La marcha de la Marsellesa.

El silencio se me escapaba de los pies. Susurrando pasos en la alfombra recorrí el espacio alrededor de ella, mis ojos se clavaron en los ojos detrás de sus párpados, quería verlos por última vez, pero dormía. Decidí marcharme, dejándola encerrada en la soledad falsa del cuarto, donde cabíamos más de dos, más de tres, incluso cuatro. Caminaba en una atmósfera de ruido y sosiego, disimulaba el toque de mis dedos en sus dedos, disimulaba mis ruegos, mas cuando cantaba se me iba el aliento. Y al verla tan desnuda y hermosa, me fui sin despedir, sin decir si quiera nada, porque ella era tan feliz, y yo sobraba. Al final nunca me amó, y eso me duele aún ahora que estoy muy lejos de aquel aroma, me duele aunque exista sin mi. Me duele porque nunca existí en (sin) ella.

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