Tuesday, May 8, 2012

Hikikomori

No llames a la puerta porque arde en silencio. No llames a este cuerpo. No cuelgues tus flores sobre mis ramos secos. No mires mis piernas que temen correr. No juzgues mis manos que quieren arrancarse la piel. No toques mis dedos que quieren rascar y morder hasta donde no quede nada más que rascar, que quitar o que morder. No entres ahora, conciencia, que está la soledad desnuda apropósito, sin pudor, pero sin la intención de un libido vulgar. Despacio en la piel, sin deseos de la carne, queriendo ser nadie, en estas paredes que guardan un cuento que está perdido y sigue echándose a perder para cuando el tiempo sonriente le pasa encima. Sabe mucho, lo sabe todo. Pero es peligroso robarle un suspiro a esta soledad a veces tan cómoda.